Taína Original
- Jean-Pierre Gielen
- 10 may
- 5 min de lectura
Cada línea de cervezas necesita su referencia, una que marque el rumbo y deje claro quién está detrás de cada botella. En Anacaona, esa cerveza es Taína Original.
No es la más ligera. Tampoco la más oscura, ni la más fuerte, ni tampoco la más compleja. Pero es la más equilibrada, y en el mundo de la cerveza artesanal, lograr ese equilibrio es todo un reto. Fácil de perder, difícil de alcanzar. Taína Original lo logra una y otra vez. Han ido puliendo la receta hasta dejarla exacta: fermentación lager auténtica con la famosa levadura W-34/70 de Weihenstephan, lúpulos nobles Saaz y Tettnang, y el toque de miel natural para la refermentación, que ya es el sello de Cervecería Anacaona.
Si la Ligera apenas susurra, la Original te habla directo. No hay adornos, solo claridad.


En el vaso, Taína Original brilla como oro caribeño a las cuatro de la tarde. Su SRM 4 la pone justo por encima de la Ligera, así que sí, hay diferencia: el color es más profundo y cálido, con un brillo cristalino que revela la fermentación lager bien hecha y ese cold crash a 4°C justo antes de embotellar.
La cerveza es completamente clara. No tiene turbidez ni velo, nada de eso; la transparencia es total. La levadura W-34/70 trabaja limpia y el proceso de clarificación hace su parte. Lo que ves es lo que hay: una cerveza sin secretos.
Las burbujas suben en columnas finas y constantes. Con una carbonatación de 3,1 volúmenes de CO₂ que viene de la refermentación natural con miel en botella, el gas es más suave y bien integrado, mucho más amigable que el de la carbonatación forzada. Las burbujas acompañan, nunca molestan.
La espuma es blanca, cremosa y dura bastante, incluso más que la de la Ligera y la Lemon. Las proteínas del Chateau Munich y del Cara Clair mantienen la espuma estable y dejan un lacing fino y regular en el vaso a cada sorbo. Una corona que aguanta hasta el final siempre es buena señal.
🔍 Busca un dorado brillante y cristalino, homogéneo, sin turbidez. Burbujas finas y continuas. Espuma blanca y cremosa con lacing que dura.

La primera bocanada te pega con flores blancas y un fondo herbal que, la verdad, recuerda al pasto recién cortado. Ese es el Saaz bohemio marcando presencia: uno de los lúpulos más antiguos y finos que existen, cultivado en Žatec desde hace siglos, y dueño de un aroma que no se repite en ningún otro. Pegado a él está el Tettnang alemán, que se mete con un punto especiado y un toque terroso, nada invasivo, más bien como quien viene a sumar sin robar cámara. Los dos juntos arman ese perfil aromático noble que distingue a los grandes pilsners.
Después de ese arranque floral asoma la malta. Imagina pan blanco suave, cereal limpio, una calidez en segundo plano que apoya, pero no grita. Es el colchón perfecto para que los lúpulos hagan su trabajo; está, pero no roba el show. El Chateau Munich se encarga de darle ese acabado redondo, ese algo extra que separa una pilsner aburrida de una de verdad memorable.
Y como siempre en la línea Anacaona, ahí está la miel al final. No esperes un dulzor obvio ni nada que empalague; es más bien un toque tropical, sutil, como un guiño que cierra el perfil y le da personalidad real. Lo que hace distinta a la Taína Original no es un golpe en la nariz: ese truco está justo al fondo, esperando a que prestes atención.
🔍Qué buscar: flores blancas y notas herbales de entrada, cereal suave detrás y una miel tropical tímida al fondo. ❌ El aroma debe sentirse limpio, elegante y lógico, sin rarezas ni señales de que algo anda mal en la conservación.

Taína Original entra rápido y sin rodeos. Esa levadura W-34/70 hace el trabajo a 20°C y no deja rastro de azúcar, así que el primer sorbo es seco, directo, sin disfrazar nada. Exactamente lo que uno espera de este estilo.
De inmediato aparece la carbonatación, vivaz y chispeante, dándole al paladar un mordisco crujiente. A diferencia de la Ligera o la Lemon, acá hay más fondo; la mezcla de Cara Clair, Munich y la miel cocida suma peso y sustancia. Se nota ese cuerpo medio ligero, casi flotante, pero presente. Esto no es simplemente agua con gas. Hay algo más.
En el centro de boca, aparecen esos sabores a pan blanco y cereal limpio que son sello de las maltas pilsner, y de pronto entra el amargor, unos 25 IBU, decidido pero sin ser arrollador. Es ese amargor que acompaña, sostiene el perfil, pero nunca tapa lo bueno que vino antes. Los lúpulos Saaz y Tettnang aportan, desde el hopstand a 70°C, una suavidad aromática que no se queda solo en el paladar, sino que sube por la nariz y termina de redondear la experiencia.
Al final, Taína Original muestra su personalidad: termina limpia, refrescante, con ese toque herbal de los lúpulos nobles y una textura aterciopelada que se queda, cortesía de la miel de refermentación. No es dulzor, es suavidad, una sensación que envuelve el cierre y, para ser una cerveza de 5%, sorprende por lo mucho que invita a dar otro trago.
🔍Qué buscar: La entrada seca y crocante, ese cuerpo medio con sostén, el amargor claro y amable, y un final limpio, sedoso, donde el toque herbal permanece suave. El retrogusto tiene que quedarse el tiempo justo, sin desaparecer al instante ni quedarse de más.

Taína Original tiene ese equilibrio que solo logran las cervezas bien hechas: encaja en muchísimos momentos, pero nunca pierde su esencia.
En la mesa caribeña, se luce. Va genial con pescado a la parrilla, mariscos frescos, tostones con queso blanco, ceviche o chicharrón de pollo. Su burbujeo limpia el paladar entre boca y boca, y su final seco refresca sin resultar pesado. No trata de robarle protagonismo a los sabores del mar ni a las frituras ligeras: más bien, los realza.
En la cocina centroeuropea, también se siente en casa. Pretzels, schnitzel, embutidos suaves, quesos frescos… La tradición de la pilsner alemana va de la mano con la cocina bávara, por historia y sabor, y Taína Original lo celebra con sus lúpulos nobles y ese cuerpo seco tan clásico.
Como aperitivo, no falla. Antes de comer, sola o acompañada de snacks ligeros, Taína Original es una favorita. No empalaga ni llena, más bien abre el apetito con mucha clase. Bien fría, entre 3°C y 5°C, con la espuma impecable y el aroma recién liberado, este es uno de sus mejores momentos.
Es perfecta para conversaciones largas. Lleva en la etiqueta “hecha para compartir” y lo cumple, porque puedes beberla durante horas sin que el paladar se canse ni el alcohol se note demasiado. Ese 5% está muy bien equilibrado.
¿Y cuándo no funciona? Si tienes en la mesa carnes rojas fuertes, guisos oscuros y especiados, o quesos curados intensos, ahí la delicadeza de la Original se pierde un poco. Para esos platos, mejor ve por la Oscura, La Cacica, Abuela o Abuelo que te espere en la nevera.
🔍 La regla de oro: la intensidad de la cerveza debe ir de la mano con la intensidad del plato. Taína Original es elegante sin ser frágil. Puede con casi todo lo que una mesa dominicana o centroeuropea ofrece día a día, y lo hace sin esfuerzo.
En una línea
La Anacaona Brewery se define por su Taína Original, y esta es la mejor razón para seguir explorando el resto de la gama.
Próxima entrega de la colección Taína Oscura, misma graduación pero carácter completamente distinto. La oscuridad no siempre resulta ser lo que aparenta.





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