Taína La Cacica
- Jean-Pierre Gielen
- 17 may
- 6 min de lectura
En la cultura taína, la cacica era la que mandaba. Era la jefa, la que tomaba decisiones y se encargaba de mantener el orden en todo su territorio. No necesitaba decir nada, porque su sola presencia lo dejaba claro.
La cerveza que lleva su nombre sigue esa misma lógica.
Cuando te la sirven, Taína La Cacica brilla con un dorado cristalino, idéntica a la Original. Si no la conoces, podrías pensar que es una simple pilsner para terminar la tarde, pero te equivocas. Esta cerveza juega al despiste: parece ligera y refrescante, pero esconde un golpe de alcohol que solo notas cuando ya es tarde. Lleva 7,5% de alcohol, escondidos detrás de esos cuatro grados de color. La jefa no anuncia lo que viene.
El estilo: Pura Bélgica.
La Belgian Golden Strong Ale es, probablemente, uno de los estilos más elegantes y mejor logrados en el mundo de la cerveza. Mi favorito es Duvel de la cervecería Moortgat. Duvel es la referencia clásica: una ale dorada, con mucha carbonatación, aromas que recuerdan a pimienta blanca y hierba fresca, notas de pan, miel, cáscara de cítrico, hierbas secas, y termina seca, con un amargor persistente pero equilibrado. Antes de Duvel, este estilo ni existía. Después, un montón de cervecerías intentaron replicarla y casi todas usaron algún nombre relacionado con el diablo —duivel en flamenco.
¿Y qué hace única a una Belgian Golden Strong Ale? Básicamente, que luce como una lager rubia, pero tiene toda la complejidad de fermentación de una buena ale belga. Esta cerveza es un puente entre la rica fermentación y el carácter de malta de una tripel, y la limpieza seca y fácil de una pilsner alemana.
Taína La Cacica trae esa tradición a nuestro Caribe, dejándole su propia huella: un toque de miel natural en la cocción, lúpulos nobles de Centroeuropa y una levadura belga S-33, que trabaja fuerte para darnos ésteres frutales y ese fondo especiado, todo sin perder la claridad que el estilo necesita.


En la copa, La Cacica es oro pálido y transparente, con un SRM 4, el mismo tono exacto que la Original. Basta verlas una al lado de la otra, sin etiqueta, y no hay quien las reconozca. Esto no es casualidad, sino parte del estilo. Ese color tan pálido es el primer pilar de las Belgian Golden Strong Ale auténticas. Debe verse como una lager brillante, porque eso la hace tan invitadora y, al final, tan peligrosa.
¿Dónde marca la diferencia con la Original? En la espuma. Con una carbonatación de 3,1 volúmenes —lo más alto que puede la refermentación natural con miel—, forma una corona más densa y persistente. La carbonatación fuerte, base del estilo, llena la boca de burbujas, intensifica los sabores y acentúa el final seco. Las burbujas, muy finas y constantes, suben en columnas y mantienen la espuma hasta el último trago. El lacing —ese encaje de espuma— es abundante y se pega al vaso.
🔍 Qué buscar: dorado pálido como la Original, espuma gruesa y generosa, burbujas finas y vivas, lacing marcado. ❌Si la espuma se va rápido, quizás el vaso esté sucio o tenga grasa.

El primer aroma de La Cacica es toda una sorpresa. Donde la Original es sutil y floral, La Cacica tiene más cuerpo y habla con otro acento. Las Belgian Golden Strong Ales suelen tener ésteres frutales: pera, naranja, manzana, una especia moderada y flores de lúpulo. Aquí lo notas claro: pera madura, un toque de manzana dorada y un fondo floral que viene de la levadura S-33, bien activa. No es esa fruta llamativa de una hefeweizen, sino algo más elegante, con capas sutiles que se muestran poco a poco.
Después de la fruta, asoman los lúpulos. El hopstand de 20 minutos a 70 ºC —más largo que en cualquier otra Anacaona— saca lo mejor del Saaz y el Tettnang. Eso le da un perfil de lúpulo muy presente: floral, herbal, levemente especiado, pero sin el amargor de una adición en caliente. El Saaz pone elegancia; el Tettnang añade algo terroso y delicado, en sintonía con la levadura.
La miel, aquí —la más alta calidad—, mete un aroma cálido y floral, integrado desde el principio. Aquí la miel no es un detalle escondido, sino parte de la conversación aromática, aportando esas notas de flores dulces que redondean la fruta y dan ese toque tropical inconfundible.
🔍 Qué buscar: fruta madura —pera, manzana dorada— bien adelante, especias suaves de la levadura, fondo floral y herbal de lúpulo noble y miel de flores de fondo. Debe oler complejo, pero nunca denso o pesado. Vivo, aromático, que invite a dar el primer sorbo.

Este es el giro maestro de La Cacica y el mayor logro de su receta.
La sequedad es clave en este tipo de cerveza. Ayuda a que, aunque tenga 7,5% de alcohol, la bebida sea fácil de tomar. La fermentación fuerte se lleva casi todo el azúcar, y así queda una cerveza seca que oculta perfectamente el alcohol. En La Cacica, ese truco viene del azúcar candi claro y la miel cocida —ambos se fermentan casi completos, dejan cuerpo mínimo y un final seco sin dulzor residual. El alcohol no se va, pero se integra tan bien que pasa desapercibido… hasta que ya bebiste de más.
La entrada es aún más suave y redonda que la Original: la S-33 le da una textura apenas más cremosa en el primer contacto. De inmediato, la burbuja viva inunda la boca y hace que los sabores exploten. Esa carbonatación es marca registrada del estilo: llena el paladar y destaca el final seco.
En el centro del trago, la malta pilsner —pan blanco, cereales— da un dulzor breve que dura solo un segundo, hasta que el amargor, 30 IBU (el más alto en todas las Taína), aparece a equilibrar. No es un amargor que robe atención, sino la estructura que sostiene todo el perfil.
El final es seco, nítido y apenas cálido —la primera señal honesta de que sí contiene 7,5%. Pero no es el calor áspero de un alcohol mal armado, sino algo suave que se queda en la garganta, llevando con él los ésteres frutales de la levadura. La miel de la refermentación le da ese remate aterciopelado, la firma de la línea Anacaona, aquí especialmente bien enlazada con el carácter belga.
🔍 Qué buscar: arranque cremoso y suave, burbuja viva que invade la boca, centro con dulzor breve seguido de amargor que ordena, final seco, limpio, con un alcohol cálido y miel aterciopelada. El 7,5% debe sentirse integrado —nunca duro.

La Cacica tiene la versatilidad de una Golden Ale y la profundidad de una belga, así que sus posibilidades a la hora de maridar son enormes.
Mariscos y crustáceos. Duvel es un clásico con mariscos y, por lógica, La Cacica también. La carbonatación viva y el final seco armonizan con la textura y el sabor del mar. Va genial con langostinos al ajillo, camarones criollos, cangrejo, pulpo. La efervescencia limpia el paladar y los ésteres frutales de la levadura bailan con el dulzor marino natural.
Quesos suaves y medios. Brie, camembert, quesos de pasta blanda: la burbuja corta la grasa y los toques frutales de la cerveza acentúan esa cremosidad sin competir por protagonismo. Funciona también con queso de mano dominicano y queso blanco semicurado.
Pollo asado y carnes blancas. El perfil especiado y frutal de La Cacica se lleva perfecto con pollo al horno y hierbas, cerdo asado con cítricos o carnes blancas a la parrilla. La carbonatación limpia entre bocados; el alcohol le da suficiente estructura para no perderse entre los sabores.
Comida moderadamente picante. Las frutas, la levadura y la carbonatación alta alivian el picante de otra manera distinta a una lager: dan complejidad, no solo frescura. Mofongo con pernil, arroz con pollo bien condimentado, comida tailandesa con lemongrass.
Como aperitivo con carácter. Fría, servida en copa tulipán, antes de una cena especial —La Cacica es como un aperitivo de verdad, de los que despiertan el paladar. Compite con el champán, y es mucho más honesta en lo que es.
Lo que no funciona. Platos muy delicados —ceviche, pescado blanco al vapor, ensaladas suaves— se ven dominados por el alcohol y la levadura compleja. Para eso están la Original o la Lemon.
🔍 Regla de oro: apuesta por platos robustos en sabor y cuerpo, que puedan con el 7,5% y la chispa belga. La Cacica no es cerveza secundaria; pide protagonismo.
En una línea
Taína La Cacica es la prueba viva de que las cervezas más peligrosas suelen ser las que parecen más inofensivas —y que en Anacaona Brewery, la elegancia jamás llega sola.
Próxima entrega de la serie: Abuela 9 — la Tripel de la casa. Dorada, compleja, ABV 9%. Para disfrutar sin correr.





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