Abuelo 10
- Jean-Pierre Gielen
- hace 3 días
- 6 min de lectura
Hay cosas que solo el tiempo puede lograr. Piensa en un árbol centenario, una amistad que lleva décadas, la sabiduría de alguien que ya vio demasiado para andar apurado, o en una cuádruple belga hecha como debe ser.
Abuelo 10 es, sin dudas, la cerveza más compleja, oscura, fuerte y paciente de toda la gama Anacaona. Este estilo, la cuádruple belga, viene oscura, cargada de matices, fuerte de verdad, con esa mezcla perfecta de intensidad de malta, sabores de frutas oscuras y una pizca de especias. Es compleja, rica, suave, pero peligrosa. Los diez grados se esconden detrás de una profundidad de sabor que te exige prestar atención. Y cuando terminas el vaso y empiezas a notar el calor, es tarde para sorprenderte. Pero antes de llegar a ese punto, tienes que darle el tiempo que merece. Abuelo 10 no se entrega a quien va apurado.
El estilo: el pináculo de la tradición belga.
La cuádruple es la cima de los estilos trapenses: la más fuerte, la más audaz. Imagínate el perfil y color de una Dubbel, súmale el alcohol de una Tripel, pero cada cosa llevada aún más arriba. En la escala de las cervezas de abadía belgas, la cuádruple es lo más alto: más allá de la Dubbel, más allá de la Tripel, es el límite de lo que la tradición monástica belga ha construido por siglos. Hay pocos ejemplos, pero son leyendas. St. Bernardus Abt 12 y Westvleteren 12: cervezas con una complejidad que asombra, sabores de malta oscura y pan, frutas secas como pasa y especias delicadas que se mezclan con el contenido alcohólico. El primer cuádruple que llevó ese nombre llegó en 1991, cuando La Trappe, cervecera holandesa, sacó al mercado una cerveza oscura y fuerte bajo la etiqueta Quadrupel, un nombre que todavía define el techo del mundo cervecero belga.
El secreto para que estas cervezas sean tan bebibles, a pesar de su potencia, está en la atenuación. El azúcar de candi fermenta por completo, así que incluso las cervezas más densas nunca resultan empalagosas. “Digestible” lo llaman los belgas: se bebe fácil, aunque tenga mucha fuerza. Abuelo 10 sigue esa filosofía al pie de la letra, pero le pone algo que ninguna abadía de Flandes puede decir que tiene: una pizca de semilla de cilantro al apagar el fuego, el ingrediente secreto que aparece en el retrogusto como una firma personal, discreta y totalmente única.


Abuelo 10 tiene el color más profundo de toda la serie. SRM 38: Caoba oscuro, casi opaco al mirarlo, pero si le das luz, ves brillos rubí y ámbar profundo. Las cuádruples muestran tonos de ámbar oscuro a marrón, a veces con reflejos rubí si las pones contra la luz, rematadas por una espuma densa, cremosa y beige. Eso precisamente es la espuma de Abuelo 10: compacta, persistente, crema oscura, construida por una maceración en tres fases, con un primer descanso a 50°C que desarrolla las proteínas necesarias para estabilizarla. La carbonatación, 2,7 volúmenes, es tranquila y está muy bien integrada, con burbujas suaves que acompañan en vez de atacar. Abuelo 10 no burbujea como loco: se queda quieta en el vaso, sabiendo que no necesita llamar la atención para tenerla.
Sírvela en copa cáliz o snifter, entre 10 y 13°C. Muy fría, se cierran los matices; muy tibia, el alcohol sale antes de tiempo. Justo en ese rango, Abuelo 10 saca todo lo que tiene.
🔍 Qué buscar: caoba oscuro con brillos rubí al contraluz, espuma beige y densa, carbonatación suave. Oscura sí, pero no totalmente opaca; pon la copa al sol y el rubí aparece.

El primer olfateo de Abuelo 10 es en sí un acontecimiento.
Aparecen aromas frutales complejos, como pasas, dátiles, higos, uvas y ciruelas, muchas veces con un toque vinoso. Los matices de caramelo, azúcar oscuro y malta son intensos, pero jamás empalagosos. Aquí, las frutas oscuras son protagonistas: ciruela madura, pasa de Corinto, higo confitado. Es la firma del Chateau Special B, la malta belga más intensa del catálogo, y el azúcar candi oscuro de 275 SRM, que además de color aporta una profundidad de fruta que ninguna malta puede copiar exactamente.
Detrás de la fruta, llega el caramelo: oscuro, profundo, casi como toffee, gracias al Chateau Crystal. Y envolviendo todo, la miel: este Abuelo lleva miel en cocción y en botella; aquí la miel es más cálida y especiada, y se integra con los ésteres oscuros de la levadura, no flotando por encima como en otras cervezas de la gama.
En el tercer o cuarto olfateo, ya con el vaso templado, surge el secreto: una nota especiada que no es pimienta, ni floral, ni cítrica; es cilantro. Añadido al apagar el fuego, suficiente para dejar una huella aromática sutil, redondeando el perfil sin que nadie la identifique fácilmente. Es la firma de Abuelo 10, el detalle que la separa de cualquier otra cuádruple en el mundo.
El alcohol aparece al final del olfateo, cálido y suave, completamente integrado, como un abrazo que llega después.
🔍 Qué buscar: frutas oscuras, ciruela, pasa, higo, en primer plano, caramelo y miel detrás, un especiado limpio al fondo que tarda en revelarse. No busques el cilantro con ansiedad; llegará solo.

La entrada de Abuelo 10 es sorprendentemente suave. Para una cuádruple de OG 1.088 y 10% ABV, entra redonda y manejable. La levadura S-33 fermentó por 14 días, el doble de lo normal en la gama, y los 20 días de maduración a 4°C completaron el proceso. No hay asperezas ni alcohol crudo: es una cerveza que tuvo tiempo de convertirse en lo que tenía que ser.
Las cuádruples bien atenuadas presentan una presencia alcohólica fuerte, pero están balanceadas por otros sabores y aromas. Son para degustar lento. El cuerpo va de medio ligero a pleno y cremoso. La carbonatación es alta, pero suave. El alcohol es cálido pero perceptible; nunca pesado ni almibarado.
En Abuelo 10, el cuerpo medio se sostiene por el azúcar candi oscuro, que fermenta casi en su totalidad, y por la miel de cocción, dejando una base más seca de lo que el color supone. Hay dulzura en las frutas y caramelo, pero siempre moderada por una sequedad que invita a otro sorbo.
El amargor de 23 IBU, el más bajo de las belgas de la gama, sirve de telón de fondo tranquilo. La levadura Saaz aporta equilibrio; la levadura Tettnang añade un toque susurro de hierba. Aquí la protagonista es la malta, la levadura y los ingredientes especiales. Es el BU/GU ratio más bajo del catálogo, 0,25, y se nota: Abuelo 10 es, sin duda, una cerveza de malta.
El final es largo, cálido y seco. El 10% se siente como calor integrado que sube por la garganta lento y persistente, nunca ardiente. Y luego, en el retrogusto más largo de la gama, llega el cilantro: esa nota especiada limpia y sutil, que permanece en el paladar varios segundos, como la firma al pie de una carta bien escrita.
🔍 Qué buscar: llegada suave, cuerpo medio con frutas oscuras y caramelo, sequedad notable para su color y potencia, calor alcohólico integrado y gradual, retrogusto largo con cilantro sutil. Tómala despacio; Abuelo 10 evoluciona en el vaso a medida que se templa.

Abuelo 10 no es una cerveza de todos los días. Es para esos momentos que merecen una botella especial.
Quesos azules y curados potentes. Roquefort, Gorgonzola, Stilton: el queso azul pide una cerveza lo suficientemente compleja para no quedar aplastada. La fruta oscura de Abuelo 10 contrasta de manera memorable con la sal y la grasa del queso.
Estofados de carne oscura. Ragú, cordero estofado, rabo de toro, carne cocinada con vino, platos donde la cocción lenta concentró los sabores. El caramelo y la fruta oscura de Abuelo 10 dialogan perfecto con el caramelizado de los guisos.
Foie gras y patés. El foie, con su riqueza grasa, encuentra en la fruta oscura y la sequedad de Abuelo 10 el contrapunto ideal. La carbonatación limpia el paladar sin agresividad; el alcohol lo prepara para el siguiente bocado.
Chocolate negro puro. Una pieza de chocolate 80-90% con un sorbo de Abuelo 10 es una de las experiencias gastronómicas más complejas de la gama. Los fenoles del chocolate y los ésteres oscuros de la cerveza generan una nueva dimensión de sabor inexistente en cada uno por separado.
Como digestivo. Sola, después de cenar, en copa snifter, dejándola templar entre tus dedos. Sin maridaje, sin plato, sin apuro. Hay cervezas que funcionan mejor en soledad, no porque sean difíciles, sino porque merecen toda tu atención.
🔍 Regla de oro: Abuelo 10 llama por los platos más intensos, los quesos más complejos y los postres más oscuros del menú. O ningún plato, pero toda tu atención. No hay término medio.
El cierre de la serie
Ya recorrimos todo el catálogo —desde los 3% de la Ligera hasta los 10% del Abuelo, desde una lager bajo el sol del Caribe hasta una cuádruple belga con destellos rubí. Siete cervezas, una sola filosofía: miel natural, ingredientes de calidad y el tiempo necesario para que cada botella sea lo que debe ser.
Catar es prestar atención. Y la gama Anacaona tiene suficiente historia como para no aburrir jamás.
Salud, y que la próxima botella siempre sea mejor que la anterior.





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