Abuela 9
- Jean-Pierre Gielen
- 21 may
- 6 min de lectura
Hay una razón por la que llamamos abuela a las personas más sabias. No es que lo hayan aprendido en libros, sino que lo llevan en la piel: lo han vivido, lo han destilado y ahora pueden regalarlo. La Tripel belga es así, la abuela de las cervezas artesanales: tiene una complejidad que solo los años otorgan, una generosidad en cada trago, está construida sobre siglos de tradición monástica y, cuidado, todavía le queda el poder de sorprender a quienes creen que ya la conocen.
La Belgian Tripel es una ale trapista potente, con ese puntito especiado, seca y dorada, y un carácter redondo de malta con amargor firme. El aroma destaca de inmediato: especias, fruta, un alcohol suave que se mezcla con una base de malta limpia. Lo asombroso de la Tripel: es sorprendentemente bebible para el nivel de alcohol que tiene.
Abuela 9 bebe de esa herencia, pero escribe su propia historia con mano artesana: añade avena, dos tipos de trigo, miel en cocción y termina con esa refermentación en botella que define la línea Anacaona. El resultado: una tripel más sedosa y con el corazón belga intacto, pero con un giro caribeño.
Sobre el origen: Westmalle y el tres.
El nombre “Tripel” tiene que ver con la elaboración: los monjes usan hasta tres veces la malta de una cerveza trapista normal. Nació en la Abadía de Westmalle, en la Bélgica de los años 30; pensaron una cerveza que fuera la más fuerte y compleja de todas, digna de ocasiones únicas. Hoy, la Westmalle Tripel sigue siendo el ejemplo a seguir. Es de un dorado brillante, espuma blanca y densa, y en nariz notas de pera, limón, clavo y pimienta. En boca, primero hay un toque dulce, luego surgen sabores como de limón, Chardonnay y clavo, todo con una textura ligera y chispeante que deja un final fresco y picante.
Abuela 9 no quiere clonar Westmalle. Va por otro camino: usa ingredientes propios y una filosofía caribeña. Lo interesante es esa conversación entre la tradición trapista y la identidad Anacaona.


En copa, Abuela 9 se distingue: su dorado es más profundo que el de La Cacica. SRM 5, o sea, dorado con destellos cálidos, delatando el Chateau Cara Blond y el trigo. No es ese dorado pálido, casi traslúcido de otras cervezas de la casa: hay más cuerpo, más densidad de color. Las tripel belgas van del dorado claro al profundo, con gran claridad y una espuma blanca, cremosa y persistente gracias a la alta carbonatación. Pero la espuma de Abuela 9 es otra cosa: densa, como mousse, sube generosa al servir y no se rinde fácil. No es pura casualidad. Ahí está el secreto del macerado en tres escalas, con un primer descanso a 50°C, justo para liberar las proteínas del trigo y la avena, que crean y mantienen esa corona espumosa. El lacing abunda: se adhiere al vaso en cada trago.
Se sirve mejor en copa tulipán, para concentrar aromas y estabilizar la espuma. No exijas frío extremo. Entre 8 y 12°C, los aromas se liberan poco a poco.
🔍 ¿Qué buscar? Un dorado profundo, espuma densa y persistente como mousse, lacing marcado. ❌ Si la espuma desaparece rápido, quizá el vaso tenía grasa. Si está muy turbia, déjala descansar parada antes de servir.

El aroma de Abuela 9 es el más complejo de la familia Taína, y desafía a cualquier catador. No te lo da todo de golpe. Primero, frutas maduras: pera, manzana dorada, un toque de naranja. Los ésteres frutales recuerdan cítricos, a veces suave plátano. Hay especias, flores de los lúpulos y un alcohol suave y especiado detrás. La S-33 fue la elegida para esto: da ese perfil frutal y especiado, sin ser abrumador como otros tipos de levadura.
Detrás de las frutas está el lúpulo. Aquí reina Hallertau Perle, no el típico Saaz. Hallertau Perle es más herbal, floral, con herbalidad y un dejo de menta que sorprende con los aromas de la levadura. Saaz llega más tarde, aportando elegancia especiada, pero sin imponerse.
Luego, la miel cocida que abunda aquí, de lo más alto de la línea, con una claridad que no encuentras en otras Taínas. No queda relegada, tiene su peso: sumando un fondo floral y cálido que envuelve todo el aroma. Al fondo, casi al final, cuando la copa ya está templada, aparece esa nota delicada, apenas cálida del alcohol, anticipando lo que está por venir.
Frío es más frutal; a medida que calienta, se pone más especiado y profundo, así que no corras, déjala contar su historia.
🔍 ¿Qué buscar? Frutas maduras de entrada: pera, naranja, manzana; especias leves de la levadura, herbalidad floral del Hallertau Perle, miel tibia en el fondo y el alcohol como un susurro. No saques conclusiones hasta la tercera inhalación, Abuela 9 no revela todo al principio.

La entrada de Abuela 9 es la más suave y redonda de todas. No es efervescente ni caramelizada, es seda desde el primer sorbo.
Tiene una explicación: el Chateau Oat, avena malteada. Esa avena da una textura cremosa, sedosa, que pocas tripel igualan. Suma el doble trigo, Chit Wheat Malt Flakes y Wheat Blanc, y el resultado es esa inusual suavidad que marca la diferencia. Conserva la complejidad clásica de una tripel, pero el tacto es otra cosa.
Prepárate para una espuma grande y cremosa, aromas y sabores complejos—fenoles especiados, fruta de la levadura y ese final dulzón que se desvanece rápido. La dulzura viene de las maltas, de un alcohol elevado, pero en Abuela 9, lo dulce dura poco: el azúcar de candi y la miel casi desaparecen en la fermentación, dejando un final sorprendentemente seco.
Destaca el amargor, 31 IBU, el mayor de la gama Anacaona: no es protagónico, pero pone orden, recorta dulzuras y da una estructura de principio a fin. La carbonatación, 3,1 volúmenes, llena la boca de pequeñas burbujas que amplifican todo y acentúan la sequedad.
El final es largo, seco y con calidez. El 9% de alcohol se siente integrado, suave, nada de quemazón, y los ésteres de la levadura se quedan rondando segundos después de tragar. Una tripel es para saborear lento; sus sabores cambian mientras el vaso sube de temperatura. No es la cerveza de las prisas, sino la que recompensa a quien le dedica tiempo.
🔍 ¿Qué buscar? Entrada sedosa gracias a la avena y el trigo, dulzura breve que da paso un paladar complejo, amargor de 31 IBU que estructura, final largo y seco, calidez equilibrada y ésteres persistentes. No te apresures: Abuela 9 evoluciona con cada sorbo.

Abuela 9 no es para el aperitivo fugaz ni los maridajes improvisados. Es la cerveza de sobremesas largas, para conversaciones sin reloj, para platos que exigen atención.
Quesos curados y azules. Es clásico: las Tripel armonizan con quesos potentes. Manchego curado, Gouda viejo, queso azul suave: la dulzura frutal de Abuela 9 choca deliciosamente con lo salado y graso del queso. Con quesos dominicanos curados, más de lo mismo.
Carnes de cerdo asadas. Lechón, pernil, costillas al horno—las notas de fruta madura y especias de la levadura van directo al grano con la sazón del cerdo. El gas limpia entre bocados y el alcohol da cuerpo para aguantar platos intensos.
Mariscos de sabor profundo. Langosta, vieiras con mantequilla, camarones en salsas cremosas—la textura de avena en la cerveza resalta la dulzura marina y la textura de los mariscos. No es el maridaje más obvio, pero puede ser el más sorprendente.
Postres de fruta madura. Tarta de manzana, bizcocho de pera, mousse de maracuyá: los ésteres frutales en la cerveza se llevan de maravilla con postres de fruta, sin pisarse unos a otros. La burbuja corta el empalago y refresca.
Sola, con copa, sin prisa. El mejor maridaje para Abuela 9 no lleva plato. Una copa bien servida, a 10°C, templando despacio mientras la bebes—eso solo ya es un banquete.
🔍 Regla de oro: busca platos que aguanten el ritmo, que tengan carácter para no perderse frente al 9% y la complejidad belga. Abuela 9 no se conforma, busca retos a su altura.
En una línea
Abuela 9 es la más formada y paciente de la familia Taína—y la que más se da a quien sabe escucharla y le da tiempo.
Próxima y última parada: Abuelo 10—la cuádruple de la casa. El pináculo de la gama. Diez grados que no lo dicen de entrada.





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